Un tipo se tira al suelo en un cine de París. Grita. Se aparta como puede del asiento, y a su lado otros hacen lo mismo.

¿Qué había pasado? Una locomotora en pantalla. Cincuenta segundos de película muda, los hermanos Lumière estrenando el cine, y una sala entera convencida de que el tren les iba a pasar por encima.

Hoy suena a chiste. Pero esa misma gente, en veinte años, vio cómo ese invento de feria se comió la publicidad, la propaganda y la forma en que te vendían hasta un jabón. Los que lo entendieron pronto hicieron carrera, y los que siguieron pintando carteles a mano se fueron a casa.

Te lo cuento porque ayer pasó algo parecido.

OpenAI sacó ChatGPT Images 2.0 y al otro lado del ring está Nano Banana Pro, de Google, funcionando desde noviembre. Dos modelos para generar imágenes, el mismo ring peleando por tu bolsillo.

Con Nano Banana llevo meses trasteando, le tengo el punto cogido. Con ChatGPT Images 2.0 unas horas, las que han pasado desde que lo soltaron. Suficiente para ver por dónde va la cosa.

Lo que hace ChatGPT Images 2.0

Hasta 2K de resolución, con modo instant para ir rápido y modo thinking para cuando quieres que la máquina se pare a pensar antes de dibujar. Y una cosa muy gorda: saca hasta ocho imágenes seguidas manteniendo al mismo personaje en todas ellas. Un cómic entero, un storyboard, una serie de posts para redes con el mismo protagonista. Hasta hace dos meses eso era un sueño húmedo para cualquier diseñador.

El texto dentro de la imagen sale legible. Titulares, etiquetas, UI falsa para un mockup. Se acabó lo de escribir "OFETRA 50%" en un banner y tener que arreglarlo en Photoshop.

Lo que hace Nano Banana Pro

Aquí cambiamos de liga. Llega a 4K y te deja cargar hasta catorce imágenes de referencia, así que puedes meter un brand book entero: logo, paleta, fichas de personaje, fotos de producto. Lo lee todo y respeta la consistencia de marca pieza tras pieza.

Y una jugada maestra de Google que la gente no está viendo: está conectada al buscador. Le pides un mapa de las líneas de metro de Lisboa y no se lo inventa, lo consulta. Le pides una infografía con datos actuales y va a buscarlos antes de dibujar nada.

¿Cuál uso yo?

Depende.

Si tengo que contar una historia, ChatGPT. La consistencia de personaje en secuencia es lo mejor del mercado ahora mismo.

Si tengo que hacer una campaña de marca con diez piezas de producto y el logo tiene que salir clavado, Nano Banana. Las catorce referencias cambian las reglas del juego.

Lo normal es combinarlos. Le pido a cada uno lo que hace mejor, me llevo lo bueno de cada casa y el cliente recibe una pieza que ninguna de las dos herramientas habría sacado por su cuenta. Esto no es un partido de fútbol con ganador, es una caja de herramientas.

Ahora la parte incómoda

Mira a tu alrededor. En los próximos seis meses se va a abrir una grieta enorme entre dos tipos de gente.

Por un lado, el que sigue mandando briefings a agencias, pagando 3.000 € por una sesión de producto y esperando dos semanas por los bocetos.

Por otro, el que abre Nano Banana un martes a las diez, carga logo y referencias, y a las once tiene cuarenta piezas listas para testar en Meta esa misma tarde.

Los dos trabajan en lo mismo pero cobran mundos diferentes, y lo gracioso es que la herramienta está al alcance de los dos. La diferencia nunca es la tecnología, nunca lo ha sido. Es saber qué pedir, cómo pedirlo, qué tirar a la basura y por qué una imagen vende mientras otra, técnicamente igual, no vende nada.

Eso no lo da ni OpenAI ni Google. Eso sale de años mirando composiciones, entendiendo por qué un anuncio de Zara funciona y uno clavado hecho por el primo del dueño da vergüenza ajena.

Cualquiera aprieta un botón. Poca gente construye una imagen que venda.

Eso es lo que enseño. No a generar, que eso lo hace tu sobrino. A mirar, decidir y tener criterio para que el cliente te pague por tu ojo, no por tu suscripción de veinte euros al mes.

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Víctor Ferrero

P.D. Los del cine de París no eran tontos, eran nuevos. Cada semana que pasa sin meterte en esto tú también lo eres un poco más. Y el mercado, ya lo sabes, no paga la novatada.